Neuromielitis óptica

Perspectiva general

La neuromielitis óptica es un trastorno del sistema nervioso central que afecta principalmente los nervios del ojo (neuritis óptica) y la médula espinal (mielitis). La neuromielitis óptica también se conoce como «trastorno del espectro de la neuromielitis óptica» o «enfermedad de Devic». Esta enfermedad se presenta cuando el sistema inmunitario del organismo reacciona contra sus propias células del sistema nervioso central, principalmente en los nervios ópticos y la médula espinal, aunque a veces también en el cerebro.

La causa de la neuromielitis óptica generalmente se desconoce, aunque en ocasiones puede aparecer después de una infección o puede estar asociada a otra afección autoinmunitaria. A menudo, la neuromielitis óptica se diagnostica de forma incorrecta como esclerosis múltiple o se percibe como un tipo de esclerosis múltiple, aunque la neuromielitis óptica es un trastorno distinto.

La neuromielitis óptica puede causar ceguera en uno o en ambos ojos, debilidad o parálisis en las piernas o en los brazos, espasmos dolorosos, pérdida de la sensibilidad, hipo y vómito incontrolables, y funcionamiento anormal de la vejiga o de los intestinos debido al daño a la médula espinal. Los niños pueden tener desorientación, convulsiones o coma si padecen neuromielitis óptica. Las exacerbaciones de la neuromielitis óptica pueden ser reversibles, aunque es posible que su gravedad sea suficiente para causar pérdida permanente de la visión y problemas para caminar.

Diagnóstico

El médico realizará una evaluación exhaustiva para descartar otros trastornos del sistema nervioso (neurológicos) que tienen signos y síntomas similares a los de la neuromielitis óptica. Distinguir la neuromielitis óptica de la esclerosis múltiple y otros trastornos garantiza que recibas el tratamiento más adecuado.

Para diagnosticar el trastorno, el médico revisará tu historia clínica y tus síntomas, y realizará una exploración física. El médico también puede realizar los siguientes procedimientos:

  • Examen neurológico. Un neurólogo examinará el movimiento, la fuerza muscular, la coordinación, la sensibilidad, la memoria y las funciones cognitivas (pensamiento), y la visión y el habla. Es posible que un médico especialista en ojos (oftalmólogo) también participe en el examen.
  • Resonancia magnética (RM). Una resonancia magnética usa potentes imanes y ondas de radio para crear una imagen detallada del cerebro, los nervios ópticos y la médula espinal. Es posible que el médico pueda detectar lesiones o zonas dañadas en el cerebro, los nervios ópticos o la médula espinal.
  • Análisis de sangre. El médico puede solicitar un análisis de sangre en busca del autoanticuerpo IgG-NMO (también conocido como «autoanticuerpo contra la acuaporina-4»), que ayuda a los médicos a distinguir la neuromielitis óptica de la esclerosis múltiple y de otras afecciones neurológicas. Esta prueba ayuda a los médicos a realizar un diagnóstico temprano de la neuromielitis óptica. También puede solicitarse una prueba de anticuerpos contra la glucoproteína de mielina de los oligodendrocitos para buscar otro trastorno inflamatorio que imita a la neuromielitis óptica.
  • Punción espinal (punción lumbar). Durante esta prueba, el médico insertará una aguja en la parte inferior de la espalda para extraer una pequeña cantidad de líquido cefalorraquídeo. Los médicos analizarán los niveles de células inmunitarias, proteínas y anticuerpos en el líquido. Esta prueba puede ayudar al médico a diferenciar la neuromielitis óptica de la esclerosis múltiple.

    En el caso de la neuromielitis óptica, el líquido cefalorraquídeo puede mostrar un nivel considerablemente elevado de glóbulos blancos durante los episodios de neuromielitis óptica, más altos que los que suelen observarse en la esclerosis múltiple, aunque esto no siempre sucede.

  • Prueba de respuesta a estímulos. Para conocer el funcionamiento de las respuestas cerebrales a los estímulos, como sonidos, imágenes o el tacto, se te realizará una prueba llamada «potenciales evocados» (también puede llamarse «prueba de respuesta evocada»).

    Durante esta prueba, los médicos adhieren pequeños cables (electrodos) al cuero cabelludo y, en algunos casos, a los lóbulos de las orejas, el cuello, los brazos, las piernas y la espalda. El equipo conectado a los electrodos registra las respuestas del cerebro ante los estímulos. Estas pruebas ayudan al médico a encontrar lesiones o zonas dañadas en los nervios, la médula espinal, el nervio óptico, el cerebro o el tronco encefálico.

Tratamiento

La neuromielitis óptica no tiene cura, pero es posible lograr una remisión a largo plazo si se controla correctamente. El tratamiento de la neuromielitis óptica implica terapias para revertir síntomas recientes y prevenir futuros ataques.

  • Revertir síntomas recientes. En la etapa temprana de un ataque de neuromielitis óptica, es posible que el médico te administre un corticoesteroide, metilprednisolona (Solu-Medrol), a través de una vena del brazo (por vía intravenosa). Deberás tomar el medicamento durante unos 5 días, y luego se lo irá reduciendo de a poco durante varios días.

    El intercambio de plasma se recomienda con frecuencia como primer o segundo tratamiento y, por lo general, se lleva a cabo junto con la terapia de esteroides. En este procedimiento, se te extrae un poco de sangre del cuerpo y se separan las células sanguíneas del líquido (plasma) con la ayuda de una máquina. Los médicos mezclan las células sanguíneas con una solución de reposición y devuelven la sangre al cuerpo. Los médicos también pueden ayudarte a controlar los síntomas que tienes, como el dolor o los problemas musculares.

  • Prevención de futuros ataques. Es posible que los médicos recomienden que tomes una dosis baja de corticoesteroides durante un período extenso para prevenir futuros ataques y recaídas de la neuromielitis óptica.

    Es posible que el médico también recomiende que tomes un medicamento que inhibe el sistema inmunitario, además de los corticoesteroides, para prevenir futuros ataques de la neuromielitis óptica. Algunos de los medicamentos inmunodepresores que te pueden recetar son azatioprina (Imuran, Azasan), micofenolato mofetilo (CellCept) o rituximab (Rituxan).

Last Updated Dec 15, 2017


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