Hipertensión pulmonar

Perspectiva general

La hipertensión pulmonar es un tipo de presión arterial alta que afecta a las arterias de los pulmones y al lado derecho del corazón.

En una forma de hipertensión pulmonar, las pequeñas arterias de los pulmones, denominadas «arteriolas pulmonares» y los capilares se estrechan, bloquean o destruyen. Esto dificulta el flujo de la sangre a los pulmones y eleva la presión arterial en las arterias pulmonares. A medida que aumenta la presión, la cavidad inferior derecha del corazón (ventrículo derecho) debe trabajar más para bombear sangre a los pulmones, lo que finalmente causa que el músculo cardíaco se debilite y falle.

Algunas formas de hipertensión pulmonar son afecciones graves que empeoran progresivamente y, a veces, son mortales. Si bien algunas formas de hipertensión pulmonar no pueden curarse, el tratamiento puede ayudar a disminuir los síntomas y mejorar tu calidad de vida.

Síntomas

Los signos y síntomas de la hipertensión pulmonar en sus etapas iniciales podrían no ser evidentes durante meses o incluso años. A medida que la enfermedad progresa, los síntomas empeoran.

Entre los síntomas de la hipertensión pulmonar se encuentran:

  • Dificultad para respirar (disnea), en un inicio mientras haces ejercicio y con el tiempo durante el descanso
  • Fatiga
  • Mareos o episodios de desmayos (síncope)
  • Presión o dolor en el pecho
  • Hinchazón (edema) en los tobillos, las piernas y, con el tiempo, en el abdomen (ascitis)
  • Color azulado en los labios y la piel (cianosis)
  • Pulso acelerado o palpitaciones del corazón

Causas

El corazón tiene cuatro cavidades, de las cuales dos son superiores (aurículas) y dos son inferiores (ventrículos). Cada vez que la sangre pasa por el corazón, la cavidad derecha inferior (ventrículo derecho) bombea sangre a los pulmones a través de un vaso sanguíneo grande (arteria pulmonar).

Grupo 1: Hipertensión arterial pulmonar

  • Causa desconocida, denominada «hipertensión arterial pulmonar idiopática»
  • La mutación de un gen específico que puede hacer que las familias tengan hipertensión pulmonar, también denominada «hipertensión arterial pulmonar hereditaria»
  • Determinados medicamentos, como algunos medicamentos dietéticos con receta o drogas ilegales como las metanfetaminas, o determinadas toxinas
  • Anomalías cardíacas presentes al momento del nacimiento (enfermedad cardíaca congénita)
  • Otras enfermedades, como trastornos del tejido conjuntivo (esclerodermia, lupus, otros), infección por VIH o enfermedad hepática crónica (cirrosis)

Grupo 2: Hipertensión pulmonar causada por enfermedad cardíaca del lado izquierdo

  • Enfermedad cardíaca de la válvula izquierda, como enfermedad de la válvula mitral o aórtica
  • Insuficiencia de la cavidad cardíaca izquierda inferior (ventrículo izquierdo) del corazón

Grupo 3: Hipertensión pulmonar causada por enfermedad pulmonar

  • Enfermedad pulmonar obstructiva crónica, como enfisema
  • Enfermedad pulmonar, como fibrosis pulmonar, una afección que ocasiona cicatrización en el tejido entre los sacos de aire de los pulmones (intersticio)
  • Apnea del sueño y otros trastornos del sueño
  • Exposición a largo plazo a altitudes altas en personas que pueden tener un riesgo mayor de hipertensión pulmonar

Grupo 4: Hipertensión pulmonar causada por coágulos sanguíneos crónicos

  • Coágulos sanguíneos crónicos en los pulmones (embolia)

Grupo 5: Hipertensión pulmonar asociada a otras afecciones que tienen motivos poco claros de por qué se produce la hipertensión pulmonar

  • Trastornos de la sangre
  • Trastornos que afectan a varios órganos del cuerpo, como la sarcoidosis
  • Trastornos metabólicos, como la enfermedad de almacenamiento de glucógeno
  • Tumores que presionan las arterias pulmonares

Síndrome de Eisenmenger e hipertensión pulmonar

Síndrome de Eisenmenger, un tipo de enfermedad cardíaca congénita que causa hipertensión pulmonar. Es causado con mayor frecuencia por un orificio grande en el corazón entre las dos cavidades cardíacas inferiores (ventrículos), denominado «comunicación interventricular».

Este orificio en el corazón hace que la sangre circule en el corazón de forma anormal. La sangre que transporta oxígeno (sangre roja) se mezcla con la sangre con poco oxígeno (sangre azul). La sangre vuelve entonces a los pulmones en lugar de ir al resto del cuerpo, aumenta la presión en las arterias pulmonares y causa hipertensión pulmonar.

Cavidades y válvulas del corazón

Un corazón normal tiene dos cámaras superiores y dos cámaras inferiores. Las cámaras superiores, la aurícula derecha e izquierda, reciben la sangre. Las cámaras inferiores, los ventrículos derecho e izquierdo más musculares, bombean la sangre del corazón. Las válvulas cardíacas, que mantienen el flujo sanguíneo en la dirección adecuada, son puertas en las aperturas de las cámaras.

Flujo sanguíneo en los pulmones y arterias pulmonares normales y bloqueadas

Cuando los pequeños vasos sanguíneos de tus pulmones se engrosan, estrechan, bloquean o destruyen, se aumenta la resistencia al flujo sanguíneo a través de los pulmones. Esto genera un aumento de la presión dentro del sistema, un trastorno conocido como hipertensión pulmonar.

Factores de riesgo

Tu riesgo de padecer hipertensión pulmonar puede ser mayor si:

  • Eres un adulto joven, ya que la hipertensión arterial pulmonar idiopática es más frecuente en los adultos más jóvenes
  • Tienes sobrepeso
  • Tienes antecedentes familiares de la enfermedad
  • Tienes una de varias enfermedades que pueden aumentar el riesgo de sufrir hipertensión pulmonar
  • Consumes drogas ilegales, como la cocaína
  • Tomas determinados medicamentos inhibidores del apetito
  • Tienes un riesgo existente de sufrir hipertensión pulmonar, como antecedentes familiares de la enfermedad, y vives en una altura elevada

Complicaciones

La hipertensión pulmonar puede ocasionar una serie de complicaciones, entre ellas:

  • Agrandamiento del lado derecho del corazón e insuficiencia cardíaca (cardiopatía pulmonar). En la cardiopatía pulmonar, el ventrículo derecho del corazón se agranda y tiene que bombear más fuerte de lo habitual para mover la sangre a través de arterias pulmonares estrechadas o bloqueadas.

    Al principio, el corazón intenta compensar engrosando sus paredes y expandiendo la cavidad del ventrículo derecho para aumentar la cantidad de sangre que puede contener. Pero este engrosamiento y agrandamiento funciona solo temporalmente y, con el tiempo, el ventrículo derecho falla por la tensión extra.

  • Coágulos sanguíneos. Los coágulos ayudan a detener el sangrado después de una lesión. Pero, a veces, los coágulos se forman donde no se necesitan. Una cantidad de coágulos pequeños o solo algunos grandes se desprenden de estas venas y se trasladan a los pulmones, lo que lleva a una forma de hipertensión pulmonar que, por lo general, puede ser reversible con tiempo y tratamiento.

    La hipertensión pulmonar hace más probable que padezcas coágulos en las arterias pequeñas de los pulmones, que es peligroso si ya tienes vasos sanguíneos estrechados o bloqueados.

  • Arritmia. Los latidos del corazón irregulares (arritmias) de las cavidades superiores o inferiores del corazón son complicaciones de la hipertensión pulmonar. Estas pueden llevar a palpitaciones, mareos o desmayos, y pueden ser mortales.
  • Sangrado. La hipertensión pulmonar puede llevar a sangrado en los pulmones y tos con sangre (hemoptisis). Esta es otra complicación potencialmente mortal.

Diagnóstico

Es difícil diagnosticar la hipertensión pulmonar de manera precoz debido a que a menudo no se detecta en una exploración física de rutina. Incluso cuando la enfermedad está más avanzada, los signos y síntomas son similares a los de otras afecciones cardíacas y pulmonares.

Para diagnosticar la enfermedad, el médico revisará tu historia clínica y tus antecedentes familiares; evaluará tus signos y síntomas y te hará una exploración física. Es posible que los médicos soliciten varias pruebas para diagnosticar la hipertensión pulmonar, determinar la gravedad de la enfermedad y averiguar su causa. Algunas de las pruebas son:

  • Ecocardiograma. Las ondas sonoras pueden crear imágenes en movimiento del corazón latiendo. Un ecocardiograma puede ayudar al médico a verificar el tamaño y el funcionamiento del ventrículo derecho y el espesor de la pared del ventrículo derecho. Un ecocardiograma también puede mostrar el funcionamiento de las cavidades y válvulas cardíacas. Los médicos también pueden usarlo para medir la presión de las arterias pulmonares.

    En algunos casos, el médico recomendará un ecocardiograma de ejercicio para determinar cómo funcionan el corazón y los pulmones bajo estrés. En esta prueba, se te realizará un ecocardiograma antes de ejercitarte en una bicicleta fija o cinta y otra prueba inmediatamente después. Esto podría realizarse como una prueba de consumo de oxígeno, en la que tienes que usar una máscara que evalúa la capacidad del corazón y de los pulmones para lidiar con el oxígeno y el dióxido de carbono.

    También se pueden realizar otras pruebas de ejercicio. Estas pruebas ayudan a determinar la gravedad y la causa de la enfermedad. También pueden realizarse en las consultas de seguimiento para verificar que los tratamientos estén siendo eficaces.

  • Radiografía de tórax. Una radiografía de tórax puede mostrar imágenes del corazón, los pulmones y el tórax. Esta prueba puede mostrar el agrandamiento del ventrículo derecho del corazón o de las arterias pulmonares, que puede producirse en la hipertensión pulmonar. Esta prueba también se puede usar para identificar otras enfermedades que puedan causar hipertensión pulmonar.
  • Electrocardiograma. Esta prueba no invasiva muestra los patrones eléctricos del corazón y puede detectar ritmos anormales. Los médicos también pueden ver signos de agrandamiento o distensión del ventrículo derecho.
  • Cateterismo cardíaco derecho. Después de un ecocardiograma, si el médico considera que tienes hipertensión pulmonar, es probable que se realice un cateterismo del lado derecho del corazón. Esta prueba a menudo ayuda a confirmar que tienes hipertensión pulmonar y a determinar la gravedad de tu enfermedad.

    Durante el procedimiento, un cardiólogo coloca un tubo delgado y flexible (catéter) en una vena en el cuello o la ingle. El catéter se inserta luego en el ventrículo derecho y en la arteria pulmonar.

    El cateterismo del lado derecho del corazón permite al médico medir directamente la presión en las principales arterias pulmonares y en el ventrículo derecho. También se utiliza para ver qué efecto pueden tener los distintos medicamentos en la hipertensión pulmonar.

  • Análisis de sangre. El médico podría pedirte análisis de sangre para verificar ciertas sustancias en la sangre que podrían mostrar que tienes hipertensión pulmonar o sus complicaciones. Los análisis de sangre también pueden probar otras enfermedades que puedan estar provocando la enfermedad.

Es posible que el médico solicite pruebas adicionales para verificar el estado de los pulmones y las arterias pulmonares y para determinar la causa de tu enfermedad, entre ellas:

  • Exploración por tomografía computarizada (TC). En una exploración por tomografía computarizada, te recuestas en una camilla dentro de una máquina con forma circular. La tomografía computarizada utiliza rayos X para generar imágenes transversales del cuerpo. Es posible que los médicos inyecten un tinte en los vasos sanguíneos que sirve para que las arterias sean más visibles en las imágenes de la tomografía computarizada (angiografía por tomografía computarizada).

    Los médicos pueden utilizar esta prueba para observar el tamaño y la función del corazón y para detectar si hay coágulos sanguíneos en las arterias de los pulmones.

  • Imágenes por resonancia magnética (RM). Esta prueba puede utilizarse para verificar la función del ventrículo derecho y el flujo sanguíneo en las arterias de los pulmones. Durante la prueba, te recostarás sobre una camilla movible que se desliza hacia el interior del túnel del escáner. La resonancia magnética utiliza un campo magnético y pulsos de energía de onda de radio para generar imágenes del cuerpo.
  • Prueba de la función pulmonar. Esta prueba no invasiva mide cuánto aire pueden retener los pulmones y el aire que entra y sale de estos. Durante la prueba, soplarás en un instrumento sencillo denominado «espirómetro».
  • Polisomnografía. Esta prueba detecta la actividad cerebral, la frecuencia cardíaca, la presión arterial, los niveles de oxígeno y otros factores mientras duermes. Puede ayudar a diagnosticar un trastorno del sueño como una apnea obstructiva del sueño.
  • Exploración por ventilación/perfusión. En esta prueba, se inyecta un radiomarcador en una vena del brazo. El radiomarcador realiza una cartografía del flujo sanguíneo y el aire a los pulmones. Esta prueba puede usarse para determinar si los coágulos sanguíneos causan los síntomas de la hipertensión pulmonar.
  • Biopsia a pulmón abierto. Rara vez, un médico podría recomendar una biopsia a pulmón abierto. Una biopsia a pulmón abierto es un tipo de cirugía en la que se extrae una muestra pequeña de tejido de los pulmones bajo anestesia general para verificar una posible causa secundaria de hipertensión pulmonar.

Exámenes genéticos

Si un miembro de la familia ha tenido hipertensión pulmonar, el médico podría analizar tus genes asociados a la hipertensión pulmonar. Si el resultado de la prueba es positivo, el médico podría recomendar que se analice a otros familiares para detectar la misma mutación genética.

Clasificaciones de la hipertensión pulmonar

Una vez que se le haya diagnosticado hipertensión pulmonar, el médico podría clasificar la gravedad de la enfermedad en una de varias clases, entre ellas:

  • Clase I. Si bien se le ha diagnosticado hipertensión pulmonar, no tiene síntomas con la actividad normal.
  • Clase II. No tienes síntomas en reposo, pero experimentas síntomas como fatiga, dificultad para respirar o dolor en el pecho con la actividad normal.
  • Clase III. Estás cómodo en reposo, pero tienes síntomas cuando estás físicamente activo.
  • Clase IV. Tienes síntomas con la actividad física y mientras estás en reposo.

Tratamiento

La hipertensión pulmonar no se puede curar, pero los médicos pueden ayudarte a controlar la enfermedad. El tratamiento puede ayudar a mejorar los síntomas y frenar el avance de la hipertensión pulmonar.

A menudo, se requiere un poco de tiempo para encontrar el tratamiento más adecuado para la hipertensión pulmonar. Los tratamientos a menudo son complejos y requieren una atención de seguimiento extensa. El médico también podría necesitar cambiar el tratamiento si ya no es eficaz.

Cuando la hipertensión pulmonar es causada por otra afección, el médico tratará la causa oculta cada vez que sea posible.

Medicamentos

  • Dilatadores de los vasos sanguíneos (vasodilatadores). Los vasodilatadores abren los vasos sanguíneos estrechados. Uno de los vasodilatadores recetados con mayor frecuencia para la hipertensión pulmonar es el epoprostenol (Flolan, Veletri). La desventaja del epoprostenol es que sus efectos duran solo unos pocos minutos.

    Este medicamento se inyecta de forma continua a través de un catéter intravenoso por medio de una bomba pequeña que llevas en un estuche en el cinturón o en el hombro. Los posibles efectos secundarios del epoprostenol comprenden dolor de mandíbula, náuseas, diarrea y calambres en las piernas, así como dolor e infección en el sitio de la vía intravenosa.

    Otra forma del medicamento, el iloprost (Ventavis), puede inhalarse de seis a nueve veces al día a través de un nebulizador, una máquina que vaporiza el medicamento. Como se inhala, el iloprost va directamente a los pulmones. Los efectos secundarios asociados con el iloprost comprenden dolor en el pecho, a menudo acompañado de dolor de cabeza y náuseas, y dificultad para respirar.

    El treprostinil (Tyvaso, Remodulin, Orenitram), otra forma del medicamento, puede administrarse cuatro veces al día. Puede inhalarse, tomarse como un medicamento oral o administrarse mediante una inyección. Puede ocasionar efectos secundarios como dolor de cabeza, náuseas y diarrea.

  • Antagonistas de los receptores de la endotelina. Estos medicamentos invierten el efecto de la endotelina, una sustancia en las paredes de los vasos sanguíneos que los hace estrecharse. Estos medicamentos pueden mejorar tu nivel de energía y tus síntomas. Sin embargo, no debes tomar estos medicamentos si estás embarazada. Además, estos medicamentos pueden dañar el hígado y es posible que debas realizarte un control mensual del hígado.

    Estos medicamentos incluyen bosentán (Tracleer), macitentán (Opsumit) y ambrisentán (Letairis).

  • Sildenafil y tadalafil. A veces, se utilizan sildenafil (Revatio, Viagra) y tadalafil (Cialis, Adcirca) para tratar la hipertensión pulmonar. Estos medicamentos abren los vasos sanguíneos de los pulmones para permitir que la sangre fluya con mayor facilidad. Los efectos secundarios pueden comprender malestar estomacal, dolor de cabeza y problemas de visión.
  • Dosis alta de bloqueantes de los canales de calcio. Estos medicamentos ayudan a relajar los músculos en las paredes de los vasos sanguíneos. Algunos de estos medicamentos son el amlodipino (Norvasc), el diltiazem (Cardizem, Tiazac y otros) y el nifedipino (Procardia y otros). Si bien los bloqueantes de los canales de calcio pueden ser eficaces, solo una pequeña cantidad de personas con hipertensión pulmonar responde a ellos.
  • Estimulador de la guanilato ciclasa soluble (SGC). Los estimuladores de la guanilato ciclasa soluble (SGC) (Adempas) interactúan con el óxido nítrico y ayudan a relajar las arterias pulmonares y a disminuir la presión en las arterias. Estos medicamentos no deben tomarse si estás embarazada. En ocasiones pueden causar mareos o náuseas.
  • Anticoagulantes. Es probable que el médico te recete el anticoagulante warfarina (Coumadin, Jantoven) para ayudar a prevenir la formación de coágulos sanguíneos en las pequeñas arterias pulmonares. Debido a que los anticoagulantes impiden la coagulación normal de la sangre, aumentan el riesgo de complicaciones de sangrado.

    Toma la warfarina exactamente como se te recete, ya que la warfarina puede causar efectos secundarios graves si se toma de manera incorrecta. Si estás tomando warfarina, el médico te pedirá que te realices análisis de sangre periódicos para verificar si el medicamento funciona. Muchos otros medicamentos, suplementos de hierbas y alimentos pueden interactuar con la warfarina, por lo que debes asegurarte de que el médico conozca todos los medicamentos que estás tomando.

  • Digoxina. La digoxina (Lanoxin) puede ayudar a que el corazón lata más fuerte y bombee más sangre. Puede ayudar a controlar la frecuencia cardíaca si experimentas arritmias.
  • Diuréticos. Conocidos comúnmente como diuréticos, estos medicamentos ayudan a eliminar el exceso de líquido del cuerpo. Esto reduce el trabajo que tiene que hacer el corazón. Asimismo, se pueden usar para limitar la acumulación de líquido en los pulmones.
  • Oxígeno. Tu médico podría sugerirte que a veces respires oxígeno puro —un tratamiento conocido como «oxigenoterapia»— para ayudar a tratar la hipertensión pulmonar, en especial si vives a una altitud elevada o tienes apnea del sueño. Con el tiempo, algunas personas que tienen hipertensión pulmonar necesitan oxigenoterapia continua.

Cirugías

  • Septostomía auricular. Si los medicamentos no controlan la hipertensión pulmonar, esta cirugía a corazón abierto podría ser una opción. En una septostomía auricular, un cirujano creará una abertura entre las cavidades superiores izquierda y derecha del corazón (aurículas) para aliviar la presión del lado derecho del corazón.

    La atrioseptostomía puede tener complicaciones graves, entre ellas, anomalías en el ritmo cardíaco (arritmias).

  • Trasplante. En algunos casos, un trasplante de pulmón o corazón y pulmón podría ser una opción, en especial, para las personas más jóvenes que tienen hipertensión arterial pulmonar idiopática.

    Los riesgos más importantes de cualquier tipo de trasplante comprenden el rechazo del órgano trasplantado e infección grave, y debes tomar medicamentos inmunosupresores de por vida para ayudar a reducir las posibilidades de rechazo.

Estilo de vida y remedios caseros

Si bien el tratamiento médico no puede curar la hipertensión pulmonar, puede disminuir los síntomas. Los cambios en el estilo de vida pueden ayudar a mejorar la enfermedad. Ten en cuenta los siguientes consejos:

  • Descansa mucho. El descanso puede reducir la fatiga que podría provocar la hipertensión pulmonar.
  • Mantente lo más activo posible. Incluso las formas más leves de actividad podrían ser demasiado extenuantes para algunas personas que tienen hipertensión pulmonar. Para otras, el ejercicio moderado, como caminar, podría ser beneficioso, en especial, cuando se realiza con oxígeno. Sin embargo, consulta primero con tu médico sobre las restricciones específicas para hacer ejercicio.

    En la mayoría de los casos, se recomienda no levantar objetos pesados. Tu médico puede ayudarte a planificar un programa de ejercicios adecuado.

  • No fumes. Si fumas, dejar de hacerlo es la medida más importante que puedes tomar para el corazón y para los pulmones. Si no puedes dejar de fumar solo, pídele a tu médico que te indique un plan de tratamiento que te ayude a dejar de hacerlo. Además, evita el tabaquismo pasivo si fuese posible.
  • Evita el embarazo y las píldoras anticonceptivas. Si eres mujer en edad fértil, evita quedar embarazada. El embarazo puede poner en riesgo tu vida y la de tu bebé. También evita utilizar píldoras anticonceptivas, ya que pueden aumentar el riesgo de desarrollar coágulos sanguíneos. Consulta con tu médico sobre formas alternativas de anticoncepción. Si quedas embarazada, es importante consultar con tu médico, ya que la hipertensión pulmonar puede causar complicaciones graves tanto para ti como para el feto.
  • Evita viajar o vivir a alturas elevadas. Las alturas elevadas pueden empeorar los síntomas de la hipertensión pulmonar. Si vives a una altitud de 8000 pies (2438 m) o más, tu médico podría recomendarte que te mudes a una altitud menor.
  • Evita las situaciones que puedan disminuir la presión arterial de manera excesiva. Esto comprende sentarse en una bañera caliente o en un sauna, o tomar baños o duchas calientes prolongados. Estas actividades disminuyen la presión arterial y pueden causar desmayos o, incluso, la muerte. Además, evita las actividades que causan esfuerzos prolongados, como levantar objetos pesados o grandes pesos.
  • Sigue una dieta nutritiva y mantén un peso saludable. Procura consumir una dieta saludable de cereales integrales, distintas frutas y vegetales, carnes magras y productos lácteos con bajo contenido de grasa. Evita las grasas saturadas, las grasas trans y el colesterol. Es probable que el médico te recomiende limitar la cantidad de sal de tu dieta. Procura mantener un peso saludable.
  • Consulta con tu médico sobre los medicamentos. Toma todos los medicamentos según lo recetado. Consulta con tu médico sobre cualquier otro medicamento antes de tomarlo, ya que algunos pueden interferir con tu medicamento o empeorar la enfermedad.
  • Consulta con tu médico en las consultas de seguimiento. Es posible que tu médico te recomiende que hagas consultas de seguimiento periódicas. Dile a tu médico si tienes preguntas sobre la enfermedad o sobre los medicamentos que tomas, o si tienes síntomas o efectos secundarios de los medicamentos. Si la hipertensión pulmonar afecta tu calidad de vida, consulta con tu médico sobre las opciones que podrían mejorar tu calidad de vida.
  • Vacúnate. Tu médico puede recomendarte que te apliques una vacuna contra la influenza y contra la neumonía, ya que estas enfermedades pueden causar problemas graves para las personas que tienen hipertensión pulmonar.
  • Busca apoyo. Si te sientes estresado o preocupado por tu enfermedad, busca el apoyo de familiares y de amigos. O bien, considera unirte a un grupo de apoyo con otras personas que tienen hipertensión pulmonar.

Preparación antes de la cita

Si crees que podrías tener hipertensión pulmonar o te preocupa el riesgo de hipertensión pulmonar a causa de antecedentes familiares u otras afecciones preexistentes, pide una consulta con tu médico de cabecera.

Si bien la dificultad para respirar es uno de los primeros síntomas de hipertensión pulmonar, este síntoma también es frecuente con muchas otras enfermedades, como el asma. Pero si tienes dificultad constante para respirar, en lugar de solo en ocasiones (como sucede, en general, con el asma) pide una consulta para ver al médico.

Como las consultas pueden ser breves y suele haber mucho por hablar, es aconsejable ir bien preparado. La siguiente información te ayudará a prepararte para la consulta y a saber qué esperar del médico.

Qué puedes hacer

  • Ten en cuenta cualquier restricción previa a la consulta. Cuando programes la consulta, asegúrate de preguntar si hay algo que debes hacer con anticipación, por ejemplo, completar formularios o restringir tu dieta. Para algunas pruebas de diagnóstico por imágenes, por ejemplo, es probable que debas estar en ayunas por un período de tiempo determinado.
  • Anota cualquier síntoma que tengas, incluso los que pudieran parecer no tener relación con la hipertensión pulmonar. Intenta recordar cuándo comenzaron. Sé específico; menciona días, semanas, meses, y evita términos vagos, como «hace un tiempo».
  • Anota tu información personal más importante, como los antecedentes familiares de hipertensión pulmonar, enfermedad pulmonar, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, presión arterial alta y diabetes, así como cualquier situación de estrés importante o cambios recientes en tu vida.
  • Haz una lista de todos los medicamentos, las vitaminas y los suplementos que estés tomando. Asimismo, asegúrate de contarle al médico si has dejado de tomar algún medicamento recientemente.
  • Si es posible, pídele a un familiar o a un amigo que te acompañe. En ocasiones, puede ser difícil recordar toda la información que se proporciona durante una consulta. La persona que te acompañe puede recordar algún detalle que hayas pasado por alto u olvidado.
  • Prepárate para conversar acerca de tus hábitos alimentarios y de actividad física. Si no sigues una dieta o no tienes una rutina de ejercicio, prepárate para hablar con tu médico acerca de los desafíos que podrías enfrentar para comenzar a hacerlo.
  • Escribe preguntas para hacerle al médico.

Tu tiempo con el médico es limitado; por eso, preparar una lista de preguntas te ayudará a aprovechar ese tiempo al máximo. Ordena las preguntas de la más importante a la menos importante, por si se acaba el tiempo. En los casos de hipertensión pulmonar, algunas preguntas básicas para hacerle al médico son:

  • ¿Qué podría estar provocando mis síntomas o mi enfermedad?
  • ¿Cuáles serían otras causas posibles de mis síntomas o mi enfermedad?
  • ¿Qué tipos de pruebas tendré que hacerme?
  • ¿Cuál es el tratamiento más adecuado?
  • ¿Cuál es el nivel adecuado de actividad física?
  • ¿Con qué frecuencia debería controlarme para detectar cambios en mi enfermedad?
  • ¿Cuáles son las alternativas al enfoque principal que sugieres?
  • Tengo otros problemas de salud. ¿Cuál es la mejor manera de controlarlos de manera conjunta?
  • ¿Debo respetar alguna restricción?
  • ¿Debería consultar a un especialista?
  • ¿Existe alguna alternativa genérica al medicamento que me recetas?
  • ¿Hay algún folleto u otro material impreso que pueda llevarme? ¿Qué sitios web recomiendas?

Además de las preguntas que hayas preparado para hacerle al médico, no dudes en hacerle otras durante la consulta.

Qué esperar del médico

Es probable que el médico te haga una serie de preguntas. Estar preparado para responderlas puede ahorrarte tiempo que podrás utilizar para consultar sobre cualquier punto al que quieras dedicarle más tiempo. El médico te puede preguntar:

  • ¿Cuándo comenzaste a experimentar los síntomas?
  • ¿Los síntomas han sido continuos u ocasionales?
  • ¿Cuán intensos son los síntomas?
  • ¿Existe algo que, al parecer, esté mejorando los síntomas?
  • ¿Existe algo que, al parecer, esté empeorando los síntomas?

Qué puedes hacer mientras tanto

Nunca es demasiado pronto para hacer cambios a fin de tener un estilo de vida saludable, como dejar de fumar, reducir el consumo de sal y seguir una dieta saludable. Estos cambios pueden ayudar a prevenir que la hipertensión pulmonar empeore.

Last Updated Dec 28, 2017


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