Síndrome pospoliomielítico

Perspectiva general

El síndrome pospoliomielítico se refiere a un grupo de signos y síntomas potencialmente incapacitantes que aparecen décadas después —un promedio de 30 a 40 años— de la poliomielitis inicial.

Anteriormente, la poliomielitis resultaba en parálisis y muerte. Pero la vacuna antipoliomielítica inactivada redujo significativamente la propagación de la poliomielitis.

Hoy en día, pocas personas en países desarrollados contraen poliomielitis paralítica gracias a la vacuna, que se introdujo en 1955. Sin embargo, las personas que tuvieron poliomielitis a una edad más temprana pueden contraer síndrome pospoliomielítico.

Síntomas

Algunos signos y síntomas frecuentes del síndrome pospoliomielítico son:

  • Debilidad y dolor progresivos en músculos y articulaciones
  • Fatiga y agotamiento general con mínima actividad
  • Atrofia muscular
  • Dificultad para respirar o tragar
  • Trastornos respiratorios relacionados con el sueño, como apnea del sueño
  • Disminución de la tolerancia a las bajas temperaturas

En la mayoría de las personas, el síndrome pospoliomielítico tiende a avanzar lentamente, con nuevos signos y síntomas seguidos de períodos de estabilidad.

Cuándo consultar al médico

Si tienes un aumento de debilidad o fatiga, consulta al médico. Es importante descartar otras causas de tus signos y síntomas y determinar si tienes síndrome pospoliomielítico.

Causas

Existen varias teorías con respecto a qué es lo que causa el síndrome pospoliomielítico, pero ninguna es certera.

Cuando el virus de la poliomielitis infecta tu cuerpo, afecta las neuronas llamadas «neuronas motoras», particularmente aquellas de la médula espinal, que llevan mensajes (impulsos eléctricos) entre el cerebro y los músculos.

Cada neurona está compuesta por tres componentes básicos:

  • Cuerpo celular
  • Fibra ramificadora principal (axón)
  • Numerosas fibras ramificadoras más pequeñas (dendritas)

La infección por el virus de la poliomielitis generalmente daña o destruye muchas de estas neuronas motoras. Para compensar la consiguiente escasez de neuronas, las neuronas restantes generan nuevas fibras y las unidades motoras sobrevivientes se agrandan.

Esto promueve la recuperación del uso de los músculos, pero también ejerce presión sobre el cuerpo de la neurona para que nutra las fibras adicionales. Con el transcurso de los años, este esfuerzo puede ser mayor que el que una neurona puede manejar, lo cual genera un deterioro gradual de las fibras nuevas y, finalmente, de la neurona misma.

Ilustración de una célula nerviosa (neurona) con el axón y las dendritas

La unidad básica de comunicación en el sistema nervioso es la célula nerviosa (neurona). Cada célula nerviosa está conformada por el cuerpo celular, que comprende el núcleo, una fibra de ramificación principal (axón) y numerosas fibras de ramificación más pequeñas (dendritas). La vaina de mielina es la materia grasa que recubre, aísla y protege los nervios del cerebro y de la médula espinal.

Factores de riesgo

Los factores que pueden aumentar los riesgos de padecer síndrome pospoliomielítico comprenden:

  • Gravedad de la infección poliomielítica inicial. Cuanto más grave haya sido la infección inicial, más probable será que tengas signos y síntomas de síndrome pospoliomielítico.
  • Edad al comienzo de la enfermedad inicial. Si contrajiste poliomielitis de adolescente o adulto, y no en la infancia, tienes más probabilidades de presentar síndrome pospoliomielítico.
  • Recuperación. Cuanto mayor es la recuperación después de la poliomielitis aguda, más probable parece ser que se presente el síndrome pospoliomielítico, tal vez debido a que una mayor recuperación significa presión adicional en las neuronas motoras.
  • Actividad física excesiva. Si sueles realizar actividad física hasta el punto del agotamiento o la fatiga, esto puede hacer trabajar demasiado las neuronas motoras ya sobrecargadas e incrementar el riesgo de padecer síndrome pospoliomielítico.

Complicaciones

El síndrome pospoliomielítico rara vez pone en riesgo la vida, pero la debilidad muscular grave puede dar lugar a complicaciones, entre ellas:

  • Caídas. La debilidad en los músculos de las piernas hace más fácil que pierdas el equilibrio y te caigas. Una caída puede provocar la rotura de un hueso, como una fractura de cadera, lo que daría lugar a otras complicaciones.
  • Mala nutrición, deshidratación y neumonía. Las personas que tuvieron poliomielitis bulbar, que afecta a los nervios que conducen a los músculos de la masticación y la deglución, generalmente tienen dificultad con estas actividades, así como también otros signos del síndrome pospoliomielítico.

    Los problemas relacionados con masticar o tragar pueden llevar a una nutrición inadecuada y a la deshidratación, así como también a una neumonía por aspiración, que sucede al inhalar partículas de comida hacia los pulmones (aspiración).

  • Insuficiencia respiratoria crónica. La debilidad en el diafragma y en los músculos del tórax hace que sea más difícil respirar profundo y toser, lo que puede provocar la acumulación de líquido y mucosidad en los pulmones.

    La obesidad, el tabaquismo, la desviación de la columna vertebral, la anestesia, la inmovilidad prolongada y ciertos medicamentos pueden disminuir aún más la capacidad de respirar, lo que posiblemente genere una caída abrupta de los niveles de oxígeno en la sangre (insuficiencia respiratoria aguda). En ese caso, probablemente necesites un tratamiento que te ayude a respirar (terapia de ventilación).

  • Osteoporosis. La inactividad y la inmovilidad prolongadas generalmente están acompañadas por la pérdida de densidad ósea y la osteoporosis, tanto en hombres como en mujeres. Si tienes síndrome pospoliomielítico, habla con tu médico acerca de los análisis de densidad ósea.

Diagnóstico

No existe una prueba diagnóstica para detectar el síndrome pospoliomielítico. El diagnóstico se basa en la historia clínica y en la exploración física, y en descartar otras afecciones que podrían provocar los signos y síntomas.

Indicadores del síndrome pospoliomielítico

Para el diagnóstico de síndrome pospoliomielítico, los médicos buscan tres indicadores:

  • Diagnóstico previo de poliomielitis. Es posible que esto requiera buscar expedientes médicos viejos u obtener información de familiares mayores.
  • Intervalo prolongado después de la recuperación. Las personas que se recuperan de la poliomielitis inicial a menudo viven años sin otros signos o síntomas. La aparición de los efectos tardíos varía ampliamente, pero, en general, comienza como mínimo 15 años después del diagnóstico inicial.
  • Aparición gradual. La debilidad que aparece más tarde suele ocurrir en los músculos afectados al momento de la poliomielitis inicial. La debilidad no suele ser notoria hasta que comienza a interferir con las actividades diarias. Puedes despertarte renovado pero sentirte exhausto hacia las primeras horas de la tarde, cansado después de las actividades que en otro momento te resultaban sencillas.

Además, debido a que los signos y síntomas del síndrome pospoliomielítico son similares a los de otros trastornos, tu médico intentará descartar otras causas posibles, como artritis, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica y escoliosis.

Pruebas para descartar otras afecciones

Debido a que no hay pruebas que confirmen un diagnóstico de síndrome pospoliomielítico, los médicos pueden usar ciertas pruebas para descartar otras enfermedades, entre ellas:

  • Electromiografía (EMG) y estudios de conducción nerviosa. La electromiografía mide las descargas eléctricas diminutas que se producen en los músculos. Se inserta un electrodo de aguja delgada en los músculos que se van a estudiar. Un instrumento registra la actividad eléctrica del músculo en descanso y al contraerlo.

    En una variación de la electromiografía llamada «estudio de conducción nerviosa», se adhieren dos electrodos a la piel por encima del nervio a estudiar. Se transmite una pequeña descarga a través del nervio para medir la velocidad de las señales nerviosas. Estas pruebas ayudan a identificar y descartar enfermedades como una anomalía de los nervios (neuropatía) y un trastorno del tejido muscular (miopatía).

  • Pruebas por imágenes. El médico te puede recomendar una exploración por resonancia magnética o por tomografía computarizada para ver imágenes del cerebro y la médula espinal. Estas pruebas pueden ayudar a descartar trastornos de la médula espinal, como la espondilosis (enfermedad degenerativa de la columna vertebral) o el estrechamiento de la columna vertebral que ejerce presión sobre los nervios (estenosis del conducto vertebral).
  • Biopsia muscular. Se puede realizar una biopsia muscular para ayudar al médico a buscar evidencia de otra enfermedad que pueda estar causando debilidad.
  • Análisis de sangre. Las personas con síndrome pospoliomielítico generalmente obtienen resultados de análisis de sangre normales. Los resultados de análisis de sangre anormales pueden indicar otro problema no diagnosticado que esté causando los síntomas.

Un análisis no invasivo que parece prometedor para evaluar la gravedad del síndrome pospoliomielítico y supervisar su avance es la ecografía muscular, en la que se utilizan ondas sonoras para crear imágenes de los músculos. Se necesitan más estudios.

Tratamiento

No existe un tratamiento en particular para los diversos signos y síntomas del síndrome pospoliomielítico. El objetivo del tratamiento es controlar tus síntomas y que te sientas lo más cómodo e independiente posible:

  • Conservación de energía. Esto implica moderar el ritmo de tu actividad física y tomar períodos de descanso frecuentes para reducir la fatiga. Los dispositivos de asistencia, como un bastón, un caminador, una silla de ruedas o un scooter ortopédico motorizado, pueden ayudarte a conservar la energía. También puede ser útil instalar una barra para asirte en la ducha o un asiento de inodoro elevado. Un terapeuta puede enseñarte maneras de respirar que ayudan a conservar la energía.
  • Fisioterapia. Tu médico o terapeuta puede indicarte ejercicios para fortalecer los músculos sin fatigarlos. Generalmente consisten en actividades menos extenuantes, como por ejemplo nadar o hacer aquaeróbic, que realizas cada dos días a un ritmo relajado.

    Hacer ejercicio para mantener el estado físico es importante, pero debes evitar forzar los músculos y las articulaciones y ejercitar al punto del dolor o la fatiga.

  • Terapia del habla. Un logopeda puede enseñarte maneras de compensar las dificultades para tragar. Los ejercicios para fortalecer la voz también pueden ser útiles.
  • Tratamiento de la apnea del sueño. Es posible que tengas que cambiar tus patrones de sueño, como por ejemplo evitar dormir boca arriba o utilizar un dispositivo que te ayude a abrir las vías respiratorias al dormir.
  • Medicamentos. Los analgésicos, como la aspirina, el paracetamol (Tylenol, otros) y el ibuprofeno (Advil, Motrin IB, otros), pueden aliviar el dolor muscular y articular.

Estilo de vida y remedios caseros

Tener que enfrentar nuevamente una enfermedad que pensaste estaba en el pasado puede ser desalentador, incluso abrumador por momentos. Recuperarte de la enfermedad inicial requirió motivación y determinación, pero ahora los efectos tardíos de la poliomielitis requieren que descanses y conserves la energía.

A continuación te damos algunas sugerencias:

  • Limita las actividades que te provocan dolor o fatiga. La moderación es clave. Exigirte demasiado en un buen día puede provocar varios días malos consecutivos.
  • Sé inteligente. Conservar tu energía durante las modificaciones de estilo de vida y los dispositivos de asistencia no significa que te estás rindiendo ante la enfermedad. Solo significa que has encontrado una manera más inteligente de lidiar con ella.
  • Mantente abrigado. El frío aumenta la fatiga muscular. Mantén tu casa a una temperatura cómoda y vístete por capas, especialmente cuando sales.
  • Evita las caídas. Elimina los tapetes y los estorbos sueltos en el piso, usa zapatos buenos y evita las superficies resbaladizas o cubiertas de hielo.
  • Mantén un estilo de vida saludable. Consume una dieta balanceada, deja de fumar y reduce la ingesta de cafeína para mantenerte en forma, respirar más fácil y dormir mejor.
  • Protege los pulmones. Si tu respiración se ve afectada, presta atención a los signos de aparición de una infección respiratoria y trátala de inmediato. No fumes y mantente al día con las vacunas de la influenza y la neumonía.

Estrategias de afrontamiento, y apoyo

Enfrentar la fatiga y la debilidad del síndrome pospoliomielítico puede ser difícil física y psicológicamente. Es posible que necesites el apoyo de tus amigos y familiares. No dudes en hacerles saber qué tipo de ayuda necesitas.

Considera unirte a un grupo de apoyo para personas con síndrome pospoliomielítico. A veces, hablar con personas que tienen problemas similares puede ayudarte a afrontarlos. Pregúntale al médico acerca de los grupos de apoyo en tu zona.

Preparación antes de la cita

Es probable que comiences por consultar con el médico de cabecera. Sin embargo, posiblemente te deriven a un médico que se especializa en trastornos del sistema nervioso (neurólogo).

La siguiente información te ayudará a prepararte para la consulta.

Qué puedes hacer

Prepara una lista que comprenda:

  • Los síntomas, incluso aquellos que parezcan no estar relacionados con el motivo por el que programaste la consulta, así como el momento en que comenzaron a manifestarse
  • Información personal clave, incluso factores de estrés importantes o cambios recientes en tu vida, tu historia clínica y antecedentes médicos familiares
  • Todos los medicamentos, las vitaminas u otros suplementos que tomas, incluso las dosis
  • Preguntas para hacerle al médico

Para el síndrome pospoliomielítico, algunas preguntas básicas para hacerle a tu médico son:

  • ¿Qué podría estar provocando mis síntomas?
  • ¿Existen otras causas posibles?
  • ¿Qué pruebas necesito hacerme?
  • ¿Esta enfermedad suele ser temporal o crónica?
  • ¿Qué tratamientos hay disponibles? ¿Cuál me recomiendas?
  • Tengo otras afecciones. ¿Cuál es la mejor manera de controlarlas en forma conjunta?
  • ¿Debo respetar alguna restricción en cuanto a mis actividades?
  • ¿Quedaré incapacitado?
  • ¿Hay folletos u otros materiales impresos que pueda consultar? ¿Qué sitios web recomiendas?

No dudes en hacer otras preguntas.

Qué esperar del médico

Es probable que el médico te haga preguntas, entre ellas:

  • ¿Alguna vez tuviste poliomielitis? Si es así, ¿cuándo?
  • ¿Qué tan grave fue la infección poliomielítica?
  • ¿Qué partes de tu cuerpo afectó la poliomielitis?
  • Luego de la infección poliomielítica, ¿sentiste debilidad persistente?
  • ¿Los síntomas han sido continuos u ocasionales?
  • ¿Existe algo que, al parecer, mejore los síntomas?
  • ¿Hay algo que parece empeorar tus síntomas?

Last Updated Apr 7, 2017


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